Un dúo para la historia

Posted in Uncategorized on 21 julio 2009 by francis61

El Preludio No 4 en Mi menor Op 28 de Chopin fue la premier de un dúo para la historia. Nada habría sido posible sin el violonchelo y el aliento de Domingo.IMG_0017[1]

La sencilla intimidad

Posted in Uncategorized on 20 julio 2009 by francis61

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La belleza arraiga muy a menudo en la naturalidad de lo simple, en la expresión sencilla de un sentimiento sin recargas ornamentales, sin aspiraciones ostentosas. Las emociones discurren en libertad sobre el caudal de la creatividad.

La música nos regala con frecuencia la posibilidad de acercarnos a creaciones que han calado en la sensibilidad humana sin excesos decorativos. Un viaje por la intimidad tiene parada obligada en una de las obras más emotivas jamás compuestas: el motete Ave verum corpus KV 618, de Wolfgang Amadeus Mozart. Un salto en el tiempo nos ayuda a familiarizarnos con las circunstancias que rodearon su génesis.

Verano de 1791. En la segunda semana de junio Mozart decide viajar a Baden para reunirse con su esposa. El nombre de Constanze estaría por siempre ligado a la pequeña localidad cercana a la capital del imperio, famosa por su balneario. De salud frágil y quebrada, la joven Stancy se ve obligada a tomar las aguas y realizar curas de reposo con asiduidad.

El compositor llega a Baden a tiempo para componer una de sus obras más hermosas y conmovedoras. Mozart destina su Ave verum corpus a una ceremonia religiosa cuya relevancia en Austria traspone los límites del tiempo: el Corpus Christi. La tradición marcaba que ese día se celebrara una procesión que debía hacer cuatro estaciones, como cuatro eran los Evangelios cuyos pasajes más apropiados se leían durante la ceremonia, en la que participaba la comunidad en pleno. Con independencia del significado cristiano, el Corpus era además la festividad de la Naturaleza, que ese día se unía a la Madre Iglesia.El pueblo, además de rogar por la salud, el dinero y el amor fraternal pedía al Altísimo que le mandara una buena cosecha, no sólo como símbolo de prosperidad, sino también de equilibrio entre las fuerzas del cielo y la tierra. La festividad, como tantas otras referencias religiosas, cayeron de un plumazo a causa del programa de reformas del emperador José II. Su sucesor, el segundo Leopoldo, sabedor de la trascendencia del Corpus, restableció el culto y el ceremonial.

Las procesiones eran para los vieneses una gran ocasión. El clero salía a la calle en gran pompa, se balanceaban con entusiasmo los incesarios y se izaban las banderas multicolores y las cuces doradas. Cada orden religiosa vestía un color, pardo, negro o blanco. El coro cantaba, el oblispo brillaba bajo su palio de púrpura. Para mayor boato las órdenes de caballería participaban en la comitiva, ataviados con trajes de gran ceremonia, adornados de plumas, de cadenas y de espadas. Los Caballeros de Malta, los Templarios, los de Santiago y los de Calatrava.

La más hermosa de las procesiones era, sin duda, la del Corpus Domini. La costumbre quería que todos los dignatarios de la corte, la familia real y el propio emperador siguiesen el Santo Sacramento. Se lucían para ello los uniformes más deslumbrantes, las pellizas recubiertas de joyas de los príncipes magiares. Cada traje nacional llevado por un gentilhombre simbolizaba en el desfile la infinita diversidad exterior del imperio y, sobre todo, su exclusiva alma cristiana.

Precisamente para celebrar la restauración de la tradición procesional Mozart compone una obra de inmensa profundidad, una música de verdadera acción de gracias cuyo significado trasciende el hecho religioso. Al igual que ocurriera con el Requiem KV 626 y el Kyrie KV 341, el compositor vuelve a crear un nuevo estilo de música espiritual. Sus escasos adornos, su intensa devoción y su fácil composición, acorde con la corriente reformista ilustrada, convierten la obra en una pieza muy popular que arraiga en el sentimiento musical de la comunidad (la palabra alemana Volkstümlichkeit lo define bien).

Sin entrar en aspectos musicales más complejos que revelan la mano maestra impulsora, entre los que destaca una única e insólita modeulación en fa en la parte central de la obra, escrita en re menor, y sus entradas en canon al final, lo que realmente domina la composición es la sencillez. Su línea melódica habla el idioma de la piedad, la adoración, el arrepentimiento, la súplica, la profunda emoción, la evocación de un Diós muerto por amor a los hombres (esa misma fraternidad llevó a Mozart a la masonería). Es una composición íntima henchida de agradecimiento y amistad; la misma que unía a Mozart con el director del coro de Baden, Anton Stoll, que interpretara en otras ocasiones obras del salzburgués y a quien éste dedica el Ave verum corpus.

Se interpretó por primera vez en la iglesia parroquial de Baden, el mismo día del Corpus. El autógrafo tiene fecha 17 de junio de 1791; y al día siguiente Mozart la incluye en su catálogo temático. Desde que el impresor André publicara por primera vez la partitura, allá por 1808, ha sido una de las composiciones de Mozart más apreciadas por el público.

Apenas seis meses después de componerla, en la madrugada del 5 de diciembre de 1791, Wolfgang Amadeus Mozart moría. Aunque lleguemos a sospecharlo nunca calibraremos del todo lo que esta pérdida prematura significó para la historia de la música… y de la humanidad. En el prólogo de su libro sobre el último año del compositor, H.C. Robbins Landon afirma: “El legado de Mozart es una de las mejores excusas que jamás encontraremos para la existencia de la humanidad y puede que incluso nos sirva para tener una pequeña esperanza en nuestra supervivencia última”. Sea como fuere es facil, como dijera Smetana, que su pequeño motete nos ayude a envejecer sin abismos.

Una gallega en la cima política de Ginebra

Posted in Uncategorized on 20 julio 2009 by francis61

La presidenta del Parlamento de Ginebra, la gallega Loly Bolay, fue amable, cordial y generosa. No dudó dedicar la sesión parlamentaria del día a los visitantes algecireños.Con Loly Bolay

Momentos

Posted in Uncategorized on 20 julio 2009 by francis61

Londres, junio de 2009.

“The Coach & the horse”, un genuino pub en el corazón del West End londinense, conserva un piano Schimmel, de Leipzig, de finales del XIX. Una ocasión especial para compartir música con los amigos.P1000719P1000723

En Canterbury, en la Plaza de la Catedral, es momento del refrigerio. Elegí un delicioso burdeos de 2005. Poco más pude leer en la etiqueta.

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Tras el trabajo y los compromisos profesionales, un paseo por el Royal Concertgebouw de Amsterdam nos recuerda las voces más íntimas.

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Salzburgo, envuelta en los rigores del invierno de 2006, acerca a dos amigos. El momento, el paisaje en tonos grises….Todo evoca vóces íntimas.

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El silencio que rodea la tumba de Antonio Machado, en Collioure, envuelve al grupo de amigos.

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Sobre los acantilados de Dover, parte del puerto al fondo, amigos algecireños y británicos.

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El primer Contrapunto de El Arte de la Fuga, de J.S. Bach, fue un reto emocionante. En aquella interpretación el público puso mucho de sí con su mirada cómplice.

Los pilares del imperio

Posted in Uncategorized on 20 julio 2009 by francis61

Roma, marzo de 2009.

A los piés del Panteón de Agrippa, en una lluviosa mañana de primavera.DSC00183

Relajación Mental

Posted in Uncategorized on 15 julio 2009 by francis61
 

RelajaciónEl ejercicio propuesto nos ayudará a tranquilizar la mente centrando su atención en la respiración, a relajar los músculos del cuerpo y a aumentar nuestra memoria, conciencia y creatividad

Adoptemos una posición cómoda, con la cadera y la espalda sobre el suelo o una silla. Tomemos conciencia de la respiración, con los ojos cerrados y respirando lenta y profundamente por la nariz.

Seamos conscientes del contacto de nuestra espalda con la silla o el suelo, sintamos nuestras caderas sobre una u otro. Relajemos los dedos y aflojemos las palmas de las manos. Relajemos también nuestros hombros.

Cuando cerramos los ojos nos damos más cuenta del sonido, de lo que oímos. Tomémonos unos momentos para escuchar todos los sonidos que nos rodean.

Practicaremos ahora lo que se llama el desapego. Simplemente dejaremos que los sonidos sigan sucediéndose pero apartaremos nuestra atención directa de ellos. Son sonidos familiares y dejaremos que sigan a nuestros alrededor.

A lo largo del día nos asaltan muchos pensamientos, sobre las cosas que tenemos que hacer, sobre las que ya hemos realizado. Si seguimos sentados en silencio también lograremos aclarar la mente. Conscientemente dejemos a un lado todos estos pensamientos y tengamos presentes que los recuperaremos al final; pueden volver a nuestra mente con la misma facilidad que se apartan.

Centremos nuestra atención en el aire que entra por la nariz, pasa por la garganta y vuelve a salir. Concentrémonos en la respiración. Podremos sentir el movimiento o incluso oír un ligero sonido: en que produce el aire al acompañarnos y abandonarnos.

Centremos nuestra atención en el ligero movimiento de nuestros hombros, el pecho o el estómago al respirar. Sintamos el aire entrando y saliendo de nuestros cuerpo.

Ahora, con el ojo de su mente, sigamos la respiración misma, advirtamos su ritmo, su marcha, observemos si es lenta o rápida, alterada o acompasada, fuerte o suave. No intentemos cambiarla sino observémosla.

Sigamos con la visión mental la respiración completa, de la inhalación a la exhalación. Advirtamos cuándo necesitamos exhalar y cuándo volver a inhalar. Observemos cómo el cuerpo se llena al tomar el aire y cómo se vacía al soltarlo.

Centrémonos en la inhalación. Nuestro ojo de la mente puede mostrarnos la forma en que el aire entra en nuestro cuerpo por la nariz, transcurre por la garganta y progresa a través del entramado de nuestros pulmones; veremos además su ritmo, su marcha, su velocidad. A la vez observaremos como nuestro cuerpo se hincha al recibir la corriente de aire.

Atendamos después a la exhalación, a la forma en que el aire abandona el cuerpo, el momento justo en que inicia el retroceso desde el interior de nuestros pulmones, si lo hace lenta o rápidamente. Sintamos el chorro de aire sin apartar nuestra conciencia del suave movimiento de los hombros, el pecho y el abdomen.

Volvamos a sentir nuestra espalda y cadera en contacto con la silla o el suelo y a oír los sonidos que nos rodean, mientras abrimos lentamente los ojos.

 

 

TAI CHI

Posted in Uncategorized on 2 julio 2009 by francis61

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Se dice que el Bien Supremo es como el agua, que cede, que fluye, que no se resiste nada. Se mueve con fuerza, como en una catarata, y en su quietud, de ella nacen todas las cosas.

El Tai Chi combina el movimiento fluido y relajado con la tranquilidad interior. Este arte marcial de China es un ejercicio práctico pero a la vez profundo para todas las edades, un regalo de la antigüedad para nuestro mundo moderno.

El Tai Chi enseña a quien lo practica a estar alerta y calmado, pero en movimiento fuerte y flexible, y a relajarse en medio del estrés.

Basado en bloqueos, patadas y golpes de las artes marciales, el Tai Chi es deliberadamente calmado y lento, en un sucesión que fluye por la mente tranquila y en paz. Encarna los principios de la vida armoniosa, es fluido como el hielo que se funde, receptivo como el valle, claro como al agua tranquila.

Tai Chi significa “Último Supremo”, el punto de quietud que unifica todos los aparentes opuestos, la vida maestra que sostiene la conexión entre el cielo y la tierra.

Según una leyenda, el Tai Chi Chuan o “Boxeo Último Supremo” se creó hace más de 700 años, inspirado por la gracia y agilidad de una grulla enfrentada a una vigorosa serpiente. En otra, un antiguo inmortal taoista creó el Tai Chi como método para lograr una vida larga y armoniosa. ¿Su secreto?: Mezclar la luz del cielo con las formas de la tierra, hacer el cuerpo transparente como el aire, dejar que los movimientos sigan el sendero de la naturaleza.

Sean cuales fueren sus orígenes, el Tai Chi encuentra hoy su lugar como equilibrio frente a la velocidad cegadora de la vida en el nuevo milenio.

Los investigadores médicos descubren que este ejercicio lento y calmado posee unos beneficios sorprendentes para la salud, tanto para reducir el estrés como para potenciar la función inmunitaria. Es un ejercicio sin impacto que fortalece el cuerpo sometiendo a las articulaciones a una tensión mínima. Resulta efectivo para reducir las caídas y mejorar el equilibrio y la postura. Es, en definitiva, una actividad aeróbica moderada a la que un experto ha llamado “el ejercicio de soporte de peso más potente conocido por el hombre”.

Los movimientos del Tai Chi se aprenden lentamente en un periodo de meses o años y pueden practicarse durante toda la vida. Sus principios y pautas de movimiento reconfiguran nuestro alineamiento natural y refuerzan la mecánica corporal adecuada en toda actividad física.

El clásico Tai Chi escrito por los antiguos maestros dice lo siguiente: “El movimiento tiene su raíz en los pies, se impulsa por las piernas, se guía por el torso y se expresa a través de los dedos. La parte superior del cuerpo es como una nube que flota, cabeza y torso permanecen erguidos y relajados, reduciendo la tensión en espalda, caderas y hombros”.

El Tai Chi, reconocido durante siglos en China como un ejercicio ideal para el bienestar permanente, con su gracia aparentemente sin esfuerzo, fomenta la residencia y potencia, la flexibilidad y la coordinación.

En lugar de utilizar auriculares, televisores o música como distracción durante el ejercicio, el Tai Chi se practica con la mente, centrándose totalmente en el momento presente, notando los cambios sutiles dentro del cuerpo, al tiempo que se afinan los sentidos hacia el exterior.

Tradicionalmente se practica fuera de casa, al aire libre. Empezaremos con nos momentos de quietud, con una respiración lenta y natural para calmar la mente. El Chi o energía vital, canta al Dan Tien, el almacén de energía del cuerpo situado en el vientre.

Dicen los clásicos. “Permanezcamos quietos como una montaña. Hacia el interior, mantengamos firme el espíritu; hacia el exterior, manifestemos paz y tranquilidad. Posteriormente nos moveremos como un gran río, con todas las partes del cuerpo ligeramente unidas como un collar de perlas”.

El Tai Chi es una coreografía de cuerpo y mente para estar en sintonía con el ritmo de la naturaleza y el resto del universo.

La aplicación del Tai Chi a las artes marciales consiste en prácticas a través de empujar las manos, ceder, mezclarse, neutralizar, no ser defensivo ni ofensivo. Los clásicos afirman que cincuenta gramos pueden desviar mil kilos. El secreto está en el movimiento circular relajado, sólidamente enraizado en los pies. Estos principios, basados en la antigua filosofía del Tao o Camino de la Naturaleza, se aplican también a la interacción humana: lo que está firmemente enraizado es fácil de alimentar; todo lo que es rígido es fácil de romper; lo suave y lo flexible vence a lo tenso y rígido.

HAYDN EN LA MEMORIA DE CÁDIZ

Posted in Uncategorized on 2 julio 2009 by francis61

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El mundo de la cultura y las artes celebra este año el segundo centenario de la muerte de Franz Joseph Haydn (1732-1809), considerado por muchos como el padre de la sinfonía y el cuarteto de cuerdas. Sus contribuciones a ambos géneros, en el corazón del clasicismo dieciochesco, le convirtieron en toda una estrella del firmamento musical.
En 1785 Haydn recibe desde Cádiz un encargo: componer una obra espiritual instrumental destinada a ilustrar las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz y a ser presentada durante la Semana Santa gaditana. El compositor aceptó de buen grado la encomienda y escribe “siete sonatas con una introducción y un terremoto al final para gran orquesta”.
Las crónicas apuntan a que la obra fue interpretada por primera vez el Viernes Santo de 1786, en el oratorio subterráneo de la Santa Cueva de Cádiz, cuya construcción, a expensas de José Sáenz de Santamaría, marqués de Valdeíñigo, a partir de un sótano aparecido bajo la Iglesia del Rosario, había concluido recientemente. En una carta autógrafa el propio Haydn describió años más tarde cómo se había desarrollado el acto litúrgico:

“Existía la costumbre de interpretar cada año, con ocasión de la Cuaresma y en la basílica de Cádiz, un oratorio. Para que fuera posible se tomaban las siguientes medidas: los muros, ventanas y pilares de la iglesia de cubrían de negro y sólo una pequeña lámpara suspendida a mitad de la nave iluminaba las santas tinieblas. A mediodía se cerraban todas las puertas y comenzaba la música. Tras un apropiado preludio, el obispo, desde el púlpito, pronunciaba una de las Siete Palabras y las comentaba. Al concluir, bajaba del púlpito y se situaba ante el altar. Durante esta pausa se interpretaba la música; y así sucesivamente hasta completar las Siete Palabras con sus correspondientes paréntesis musicales. Mi composición debía ajustarse a este programa. No fue fácil dar continuidad a las piezas demandadas, siete adagios que debían tener cada uno una duración aproximada de diez minutos, sin cansar al oyente. Constaté pronto que me sería imposible plegarme a la duración prescrita”.

Un año después Joseph Haydn publicó una nueva versión para cuarteto de cuerdas de las sonatas en la que cada número estaba precedido de la Palabra de Cristo en latín: Pater dimitte illis, quia nesciunt quid facium – Hoedie mecum eris in Paradiso – Mulier ecce filius tuus – Deus meus, utquid dereliquisti me? – Sitio – Consumatum est – In Manus tuas, Domine, commendo spiritum meum.

Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz, Hob. XX:1, es una obra conmovedora entroncada en los cimientos mismos de la espiritualidad. Su Introducción, escrita en Re menor (tonalidad denominada “de Requiem”) nos adentra de lleno en la atmósfera trágica del acontecimiento religioso. La primera Sonata, marcada por las llamadas al Padre y los profundos suspiros, los pasajes cromáticos acentúan hasta el éxtasis el ambiente de sufrimiento. Tras una segunda Sonata nacida de la introducción y con diversas variantes, la tercera refleja las llamadas interrumpidas por pausas, lanzadas como en un último suspiro y con el permanente simbolismo de la Cruz. Todo ello da a esta pieza un color trágico singular, bañado por una tonalidad de Mi bemol Mayor al que Haydn dio siempre un valor negativo. La cuarta Sonata, compuesta en Fa menor, es aún más trágica y da a la pregunta ¿por qué me has abandonado? toda la claridad que precisa. En la quinta, la polifonía y los cromatismos forman un deliberado contraste para el episodio dramático principal, en el que el grito de Jesús “Tengo sed” separa los comentarios desencadenados por el coro. La sonata número seis se muestra con montajes melódicos impregnados de sufrimiento que evocan al diablo y el pecado a partir de un Sol menor, tonalidad identificada en la antigüedad con la muerte. La última sonata, en Si bemol Mayor, la tonalidad del amor, es un canto a la confianza inquebrantable, en este caso en la redención. La pieza final representa en música el temblor de tierra que provoca la muerte del Salvador, el dolor de la humanidad por la expiración de Cristo crucificado.
Dos siglos después de su desaparición, Franz Joseph Haydn, protagonista indiscutible del Clasicismo vienés junto con Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig von Beethoven, permanece en la memoria de Cádiz. Sus Siete Últimas Palabras forman parte del testamento espiritual de un genio temeroso de Dios.